LO VERDE...
“Lo amarillo?”, me dijo la persona encargada de desbrozar toda la orilla del riachuelo la primavera pasada, justo cuando estaba todo en flor y las aves en su época de reproducción con nidos entre lirios, juncos y remansos. Lo amarillo eran unos lirios (Iris pseudacorus ) cuyos rizomas además tienen la propiedad de absorber metales pesados de las aguas, cosa que desde luego, en Asturias, hace falta.
Una anécdota que me ha llevado a pensar en lo verde, otro gran desconocido por abundante (aquí, todavía), ese verde que no es singular sino plural porque hay infinitos verdes y que lo nombro en neutro por indefinido (y por ello sinónimo de posibilidad). Lo verde que aquí son filetes de carne de vaca y caballo, pasto que crece y se desbroza, se lo controla y mata, herbicida, pesticida, o fertilizantes, todo a la fuerza y a la contra. Lo verde que es un seto que cierra, una valla de espumillón falsa hiedra verde, lo verde que inquieta, agua que se estanca, verde-vaca, verde que crece mientras lo observas. Verde que es alga y plancton verde que es vida que produce nubes y agua y fertiliza y nos germina y alimenta. Hay muchos verdes, hay que ver los verdes infinitos, amarlos y saber que lo verde contiene en realidad muchos colores, que existimos gracias a la bacteria y a algo viscosamente verde. Que lo verde contiene historia, jardines, procesos vitales, movimiento, pensamiento y filosofías, formas de ser y estar en el mundo, de aprender y habitar la belleza, para echar raíces o saltarse a las ramas. El Palacio de Cornellana necesita que le contemos historias de los muchos verdes posibles que contiene; o quizás seamos nosotros los que necesitemos escucharlas. Nos intercambiaremos linfas durante estos primeros meses de despertares. Un jardín amateur para el palacio, porque amateur viene del verbo amar.
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Observaciones que contemplaba desde el incio del proyecto para tener una cierta garantía de continuidad y sostenibilidad del proyecto, pero sobre todo, del jardín como ecosistema vivoy su compatibilidad con la "programación cultural", mundos que no siempre comparten las mismas temporalidades:
"Como proyecto de naturaleza comunitaria o participativa, creo que debemos realizar acciones concretas y tangibles. Para hacer cualquier tipo de intervención es necesario un conocimiento previo. Además, no nos encontramos en un campo baldío, sino en un palacio barroco, lo que ya contextualiza y connota nuestra intervención. Por este motivo, de cara a poder realizar propuestas ponderadas tras un proceso de aprendizaje conjunto, el proyecto se desarrolla a lo largo de una serie de encuentros, paseos, charlas y talleres iniciales, como acciones previas necesarias a la intervención real y material en el jardín.
Se trata de entretejer conocimientos de tipo histórico-artísticos, tocando las artes plásticas, la arquitectura, la botánica, la química, la literatura o la filosofía, porque todo se da cita en la historia de un jardín. Tratándose de un centro que tendrá usos culturales y será espacio de creación artística, me resulta interesante que la forma de acercarnos al jardín sea también incorporando metodologías artísticas (formas de pensar, cruzar y hacer). De ahí que las categorías en los que se agrupan los contenidos lo verde histórico, lo verde pictórico, lo verde cultivado, lo verde abstracto, lo verde tierra, conduzcan por un lado a la acción propiamente jardinera “Un jardín amateur para El palacio” y estén a su vez atravesadas por “Las meditaciones de Palomar” (15 min iniciales en cada encuentro dedicados a ver el verde y sentir el espacio) con las que se elabora la obra vídeo final.
I. Sostenibilidad, economía y sensibilidad
Se trata de un primer diseño o realización mínima de jardín en un contexto histórico. Dado el carácter piloto del proyecto en el que inscribe esta propuesta (los usos del propio edificio) no he querido que la intervención sea muy importante ni costosa, pero sí digna y adecuada tanto al contexto del Palacio y su arquitectura barroca, como al carácter participativo o comunitario de la iniciativa. En definitiva, que sea sostenible en el tiempo desde el punto de vista estético, vital (ya que tratamos con seres vivos, las plantas), medioambiental, económico y social. Si el proyecto de creación y mantenimiento de un jardín en el Palacio no tuviera continuidad, esta primera intervención no reportaría un incremento importante respecto al actual coste de mantenimiento del césped, y los setos, topiaria, vivaces y gramíneas, de bajo mantenimiento, añadirían valor y belleza, creando una mayor biodiversidad, ritmo, color y textura respecto al estado actual. Una parte importante del proyecto es el mismo proceso de aprendizaje y creación comunitaria. El jardín diseñado colectivamente es por tanto solo un inicio:
Todo jardín es infinito.
II. Mantenimiento: hacia una comunidad jardinera
La metodología y programa de esta propuesta están orientadas a que la comunidad de “gotas persistentes” (aquellxs vecinxs que más hayan constituido un grupo de trabajo constante durante el proyecto) sea un grupo de trabajo abierto y flexible pero duradero y responsable que se ocupe del mantenimiento de este incipiente jardín.
La idea principal es que el diseño del jardín, su posible ampliación, vida o modificaciones futuras, sean siempre fruto del trabajo de los vecinos en colaboración la/os artistas residentes interesadas, con el soporte y coordinación de la Fundación Municipal de Cultura. Sería ideal que hubiese un representante de la Comunidad Jardinera como interlocutor principal con la administración. Este giardino murato, este ortus conclusus sería responsabilidad y delicia de la comunidad de la que forma parte, ella su jardinera. Un caso pionero de algo que debería extenderse por la región.
La res publica también es verde.
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El final de este camino tuvo como resultados:
- Un proceso de conocimiento compartido y diseño colectivo de la intervención.
- un primer inicio de jardín comunitario LoVerde y la creación de su Comunidad Jardinera.
- Opening: una publicación, una guía botánica, una instalación audiovisual y materiales elaborados gráficamente.